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Soldado de la libertad

El año 1870 había sido de los más duros y difíciles vividos por Ignacio Agramonte durante la guerra; las contradicciones con Carlos Manuel de Céspedes y el ejecutivo del Gobierno de la República de Cuba en Armas, el desaliento de la actitud traidora de algunos de sus compatriotas, la muerte de su padre en los Estados Unidos lo llevaron a presentar la renuncia al mando de las fuerzas camagüeyanas, al frente de las que estaba desde mediados de 1869.

El Camagüey atravesaba por un período de la guerra muy crítico; la ofensiva y la represeión española se arreciaban en detrimento de las filas mambisas. Es así como Céspedes recibe la propuesta de restituir a El Mayor en su jefatura.

Serás El Mayor

Cuentan que el 23 de diciembre de 1841, en la amplia casona próxima a la iglesia de La Merced, el trajín de familia y servidumbre rompió sus cánones habituales: Doña Filomena estaba de parto.

Dicen que, inmediatamente que se anunció el nacimiento de un varón, la puerta principal se abrió, como respuesta a un movimiento mágico, para dar paso a un vientecillo cálido, acompañado de una estela de luz multicolor. Grande, muy grande, fue el asombro de los allí presentes cuando, unos tras otros, musas y dioses, griegos y romanos, ataviados de sus más hermosos ropajes, invadieron la intimidad del momento.

Paradero de Las Minas

Napoleón Arango había sido nombrado jefe militar del movimiento revolucionario del Camagüey a raíz del alzamiento de nuestros patriotas en Las Clavellinas el 4 de noviembre de 1868.  Considerándose el gran pacificador; llegó a ir personalmente a Oriente con el pretexto de tomar experiencia de la guerra recién iniciada por Carlos Manuel de Céspedes en aquel territorio, y si bien es cierto que logró contactar con el Padre de la Patria, sólo fue para tratar de persuadirlo en relación con las posibilidades de establecer negociaciones con el Gobierno español, pero se encontró con la firme e inquebrantable decisión de luchar hasta las últimas consecuencias por la independencia de Cuba.

Aún así, no cejó en su empeño. En Manzanillo, Napoleón contacta con el Conde de Valmaseda, al punto de que algunos historiadores afirman que esta entrevista fue decisiva en la determinación del jefe español de trasladarse inmediatamente para nuestra provincia, convencido de que por mediación de su interlocutor lograría convencer a los camagüeyanos para que abandonaran las armas y retornaran a sus hogares.